Entro en un bar a tomar un cortado, por cierto, ¿cómo se le llama al cortado en tu tierra?.
Se trata de un café con un poco de leche, no es un café con leche. Es más corto. En todos los aspectos.
Estábamos con que entraba en el bar (¿Quién, yo? que raro) y, como de costumbre, directo a la barra.
Advierto que hay más movimiento del habitual en una esquina de local.

Enfoco la vista y veo las máquinas tragaperras desmenuzadas. Rotas y vacias.
Alrededor un grapado de personas. Se trata de policía científica.
Toman huellas, recopilan datos.
No deja de ser curioso como se puede idealizar cualquier oficio cuando la única perpectiva que tienes es la de la televisión.
Nada de Colombo inspeccionando y preguntando con ese aire distraido que le hizo tan popular, no.
Agentes que lo menos que parecen son «sabuesos» buscando pistas. Echando unos polvitos que parecen mágicos.
Sin querer entrar en la utilidad, o no utilidad, de la tarea visto como funciona la justicia en este pais, se les ve como con desgana. Todo muy mecanizado y metódico parece. La costumbre será que hace que parezcas aburrido y todo.
Quizá soy yo que lo tengo demasiado idealizado. La profesión de policía científica digo.
El caso es que al del bar le jodieron la mañana. El local, mejor dicho, la terraza se llenó de gente. A chafardear y dotorear más que nada.
A mi me dejaron tomar el cortado con tranquilidad. No la que yo buscaba, de manera relativa, eso si.
Más corto de tiempo también.
Los hay que no saben más que joderle la vida al otro. Yo se la jodo de otra forma; llevo facturas y notificaciones varias.
Ah, no se que sacaron en claro los «cacos«, el dinero seguía en la caja dijeron los polis. Eso si, puertas y máquinas rotas. Y algún agujero en las paredes.
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