Envía este post a quien creas que le gustará, te lo agradeceré una jartá.
Te hablo a tí, si a tí.
Quiero hacer lo que tú haces.
Quiero ser como tú.
Te quiero leer.

Sé que me estás leyendo.
No te voy a decir que «los padres lo sabemos todo» como le decía a mi hijo cuando era chiquinino.
No. Pero lo sé. Sé que estás ahí. Estás en la octava línea ya del post de hoy.
Quiero leerte y saber de tí. ¿Cómo te sientes al leer mis artículos?
Quizá tú seas de los que, de vez en cuando, responden a alguno de mis entradas. A vosotros ya os conozco. Y también os quiero.
Si eres de los que -aún- no me ha saludado (o insultado), ¿a qué estás esperando? ¡¡Ahora es el momento perfecto!!
Te ocurre a tí que, al hablar con algún conocido, esperas que deje de asentir y haga un asomo de comentario.
O suelte un gemido, o un quejido.
Que respire, vamos.
Pues eso. Que te quiero respirando.
Si no sabes lo que decirme, asómate por aquí. Algo se te ocurre.
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