Es noviembre, finales para concretar un poco más.
En las horas centrales del día, fíjate ayer sino, aún hace buen tiempo.
Tiempo que muchas personas usan -usamos- para socializar, ir de compras, comenzar ver regalos para Navidad, recoger los paquetes de lo que se ha comprado por internet.
Mil cosas. Cada cual lo que cree conveniente.

Es muy curioso ver a la gente tomando cañas en una terraza.
De charreta.
ji ji ji, ja ja ja.
Cuando es el último momento, o casi, para que cierren comercios o negocios se acuerdan que les falta un palmo de cable para acabar ese empalme que empezaron la semana pasada.
O unos folios. O un kilo de sal.
Lo que les pueda hacer falta no es relevante para lo que te quiero hacer llegar.
Que, seguramente, sea así, que les haga falta.
Un par de horas antes ya les hacia falta.
Y no se acordaban. O no se querían acordar. O no queremos acordarnos.
Al último momento nos acordamos, las personas somos así, de que nos falta tiempo.
Para comparar un enchufe o un kilo de anchoas, no te puedo ofrecer ayuda. En la recogida y custodia de paquetes y compras, si.
Postdata: Afortunadamente, no todas las personas no son así, sino no sería necesario abrir comercios y tal a las ocho de la mañana.