Los que hacen, crean, redactan la correspondencia se pasan por alto un detalle que, a la larga, va a no ser positivo para ellos.
No sólo los que hacen remesas de cartas sino también los que remiten catálogos y/o revistas a los clientes que tienen en sus bases de datos.
Los carteros no “tenemos” la obligación de informar del porqué se devuelve una carta, un paquete o una revista.

O por lo menos, no estamos obligados a dar toda la información. Aun así, se le da al cliente todo detalle para que pueda tener todo en orden.
Allá él y lo que haga con esa información.
La mayoría “pasa” olímpicamente.
Se olvidan del asunto.
No tenemos tiempo, argumentan.
Se lo he comentado al informático, se escudan.
Antes lo hacíamos, ahora ya no llamamos para confirmar…
¡Excusas!
¡Excusas bellacas!
Mira,
Tener una base de datos bien redactada, y actualizada, puede suponer un importante ahorro de tiempo y sobre todo de dinero.
Así de simple es.
Tan y tan simple es que (casi) todo el mundo deja de hacerlo. Es más y más sencillo un copiapega y tirar p’adelante.
Las empresas cambian de domicilio, por los motivos que sea. Las hay que desaparecen simplemente. Otras veces, incluso, cambian el nombre de las calles.
Por el motivo que sea.
Y nadie va a informarte.