enviar cartas en tarragona

Andrea a Ana

No es nada extraño ver a una hija que le rinde homenaje a la madre.

Esto que vengo a contarte hoy ocurrió hace tres veranos.

Mi amiga Andrea es camarera. En aquel entonces trabajaba en una cafetería cerca de donde acababa mi ruta de reparto y, con la faena terminada apetecía un refrigerio.

A la llegada del verano todos vamos un poco más livianos con la ropa.

Tú.

Yo.

Y Andrea también.

Uno de esos días me percaté de un tatuaje que lleva ella en la espalda.

No me gusta llevar tatuajes. Me gusta mirarlos, eso sí. Lo mismo que a las motos.

Lo lleva en la parte alta de la espalda.

Tres letras gordotas. Sólo tres.

ANA

Con intriga le pregunté acerca del origen del mensaje. La respuesta fue: -Es el nombre de mi madre.

Esta muy bien homenajear a las madres y eso. Puedo entender que se inyecten tinta dibujando el nombre de la madre que las parió.

No acabo de comprender el porqué del lugar, del rincón. ¿En la espalda?

¿Es un fetiche?

¿Se trata de recordar que tienes una madre a quien tengas detrás tuyo en algún momento de tu vida?

En ocasiones pienso que, si de cara al público ponemos lo que ponemos, imagina donde nadie lo ve lo que puede haber dibujado.

Lo mismo debe ocurrir en los mensajes de guasap, en las cartas…

En sobre cerrado, ¿quién lo ve?

Soy cartero y gestiono correspondencia y veo pasar ciento y miles de cartas.

Lo mismo da las tuyas que las del vecino, todas llegan a destino


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No tengo ningún don especial.
No pretendo convencerte de nada.
Yo simplemente cuento historias.
Una al día.
(Casi) todos los días.
Si no te ves capaz se soportarlo, deja paso al siguiente; los dos seremos igual de felices.

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