O sea, bocadillo de tortilla francesa
Más abajo te quiero decir cómo se puede entrar a dejar cartas en los buzones de todos los edificios y urbanizaciones, pero primero quiero decirte lo que me ocurrió ayer mismo.
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El otro día por la mañana…
Es sábado y aun así salgo a repartir cartas un rato.
Por descontado no molesto; busco una ruta donde no hay edificios a los que llamar al telefonillo.

Entre tu y yo, no reparto los sábados. Este viaje se nos ha acumulado un poco la tarea y la forma es echarle más horas en la calle.
Al acabar voy a ver a Loli.
Loli tiene un pequeño restaurante.
Ahí le ayuda toda su familia. Potencial yerno incluido.
Le pido una sorpresa para el desayuno, aunque al final me decanto por algo sencillo.
Le pido un bocadillo de tortilla a la francesa.
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Me iba a complicar con unos pulpos o unos callos, que os hacen deliciosos.
Pero no.
¿Podía haber optado por un bocata jamón?. Pó zí. Pero no lo hice.
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Y ese no hacerlo me llevó a hacer el pedido en mi lengua materna y paterna y les dije que me preparase un ou cargolat amb pa i tomaquet.
Pá qué quieres más. La camarera me miró de arriba abajo y se fue refunfuñando que esa palabra no le gustaba nada.
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En su casa, si se me permite la expresión, son castellanoparlantes.
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Al momento me trae el bocadillo a la mesa diciendo que quizá no será de mi gusto; que la tortilla es española.
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No, no te voy a llenar la cabeza de monsergas políticas y/o lingüísticas.
¿Qué podía dar pie?
Por los supuestos que si.
Le pedí un bocadillo de tortilla y me hizo gracias pedírselo en mi lengua -que es la suya también- y me quedé en el “ou cargolat”.
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Podía haber añadido unas escupinyes y una mica de pernil amb pa amb tomaquet y al acabar un poco de melimató antes del cigaló de rom.
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La semana próxima voy a desayunar un bocadillo de tortilla también.
En catalán también.
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¡Disfruta mucho y gasta poco!
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