De veces las cosas se decantan hacía lo de atrás
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Mira,
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Me ha llegado la siguiente cita;
«Automáticamente deducimos, del coste de transmisión, la importancia del mensaje.
Los mensajes que supone un esfuerzo transmitir, como el correo postal, los percibimos diferentes. Incluso ciertos mensajes son imposibles de transmitir digitalmente, por ejemplo, «Oferta exclusiva.»
Si me lo dices por email no creeré que se trate de una oferta exclusiva. Pero si me lo envías por correo postal no hará falta ni que me lo digas, lo sabré, porque no creo que hayas enviado una carta similar a otro medio millón de personas.
Si quieres transmitir exclusividad o importancia… solo puedes hacerlo en ciertos medios, y si te niegas a usar medios tradicionales porque estás obsesionado con la eficiencia digital, estás renunciando a la mitad de tus ventas porque hay muchas emociones, emociones valiosas, que nunca podrás crear.»
—Rory Sutherland, publicista.

Te podría decir aquello de – Ves, te lo decía.
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No te lo voy a decir, sé que tú sabes que yo sé que tú sabes.
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Ahí anda la importancia del manosear, del arrugar.
Incluso la de hacer una bola con el papel y arrojarla contra la pared como demostración de pataleo y desacuerdo.
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O, por el contrario, alisarla para tenerla como recuerdo de, por ejemplo, el primer morreo. O la primera vez que te tocó la lotería.
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Las cosas, por escrito.
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Siempre.
Las importantes, en papel
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