No una, fueron miles de ellas
No me había planteado en la vida ser “mensajero de lo escrito”
Nunca, nadie, hubiera dicho que mi final (quizá) sería entre cartas y cartas
Sinceramente no deseo que mi final llegue trabajando, que me pille con una cerveza en la mano. ¡Qué menos!
Ahora medio en broma, si cuando empujaba la mopa me hubiese podido ver por un agujerito para ver mi futuro – ¿A quién no le gustaría alguna vez? – y me hubiese visto rodeado de sobre y paquetes no me lo hubiera creído. Seguramente hubiese dicho que se trataba de un montaje para hacerme creer alguna tontería

Cartero, ¿yo?
Vamos, vamos, vamos
Sin embargo, una conversación me cambió la vida
De empujador de mopas a repartidor de facturas. Ahí es ná
Lo mismo ocurrió cuando comenté que quería tener una newsletter, ésta en la que estás tú y otros cientos
Con la santa paciencia de leerme cada día, o casi. Gracias. A ti, a ti y a ti
¿De dónde sacarás tantas historias para escribirlas cada día?
¡Pues si que tienes tú historias para contar!
Quién me hubiese dicho a mi…
Lo mismo que, hace poco más de un año, dije que quería hacer un curso para que las personas pudiesen aprender a repartir
Lo que fuese, cartas, paquetes, canguros sin bolsa.
Da lo mismo que lo mismo da. La base es la misma para todo. La especialización llega después
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Lo de cartas y paquetes AQUÍ
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Lo de la newsletter -ya lo sabes- aquí lo tienes
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Lo del curso asomándote por ahí
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