Quizá sea ésta una de las peores ideas que se te puedan pasar por la cabeza si lo que quieres es ver teta.
Sin embargo, ésta debe ser una de las situaciones que te puedes encontrar que entrañen más cariño y ternura.

Ver a una madre dando de amamantar a su hijo.
Como valoración personal tengo que decir que siempre me he parado a observar la acción. Siempre que puedo me gusta ser espectador.
Será porqué a mis dos hijos se les dió el pecho. Así están de grandotes y sanotes, no hay como una alimentación natural.
Durante un buen tiempo parece que era tabú incluso. Que estaba como mal visto.
Y hacerlo en público más si cabe.
Acaso fuese con motivo de la comodidad -necesidad en algunas madres- que parecía entrañar el dar biberón en lugar de pecho a los bebés. No había necesidad de que la madre estuviese presente. Vínculos aparte.
Quizá se tratase de un modismo impuesto por la propia sociedad.
De un tiempo a ésta parte se está normalizando el dar el pecho sin esconderse en la más hondo de alguna habitación o rincón.
Por parte de ellas.
Y de nosotros también.
Ya no nos escandalizamos.
No parecemos viejos babosos trás un pezón fugaz.
En el trabajo raro es el día en que no encuentro alguna madre alimentando a su hijo, o hija, en algún parque o terraza.
Incluso caminando empujando el carrito.
Me gusta ver la acción propia.
Cuidao, sin buscar más allá.
Unos minutos, segundos acaso. Después volvemos al trabajo, en mi caso al reparto de cartas.
Eso sí, con una sonrisa y la mirada medio perdida. ¿En la melancolía?