Hola, buenos días si me lees por la mañana.
Buenas tardes o buenas noches, según corresponda por la hora en que has entrado a leer mi correo.
Hay días en que aún salgo a echar una mano en el reparto. Hago memoria y así veo si puedo exigir más a l@s carter@s.

Ayer me atreví con una zona de bloques.
Mucho llamar a los porteros. Mucho esperar.
Lo de siempre. Ara no están, ara si están.
Me he fijado que ese es un problema cada vez menor.
No son, (sois, somos) pocos los que exigís saber para quien son las cartas. Pero vamos a ver, ¿cómo coño vamos a decir para quien es el correo?
¿Estamos locos o qué?
Que si no es para mí no te abro, entiéndeme, me replican.
Si yo te entiendo muchach@. De siempre se ha hecho un hoy por tí mañana por mí.
Hoy no hay carta para tí. No pasa nada, quizá mañana si tengas correo y tú no vas a estar para abrirme la puerta.
Pero tu vecino si puede que esté. Y no te molestará que me ayude a hacer que tú carta llegue a tú buzón.
Ahí no te molesta, eh.
Ara bien, abrirme tú para que los demás tengan su correo no. Eso es otro cantar.
Pós no lo veo tan diferente yo.
De veses… De un tiempo a esta parte tenemos (si, me incluyo yo también) estamos todos muy muy sensibles y tenemos la piel muy muy fina.
Estoy comprobando que es una «pelea» diaria que tús cartas lleguen a destino. Puedes estar tranquilo, nos esforzamos para que así sea.
Ah, los operadores privados también te sacamos las castañas del fuego.
Más abajo tienes un formulario. Puedes usar ese formulario para suscribirte y formar parte de mi lista. Algún regalo te llevas. Seguro.