No siempre se cae en la cuenta de pequeños detalles como este. 4 ojos ven más que dos.
Hace unos días cené con una amiga que acababa de regresar de hacer un tramo del Camino de Santiago. Hola Andrea, hoy va por ti.
A modo de resumen, el Camino de Santiago es la denominación que tiene un conjunto de rutas de peregrinación cristiana de origen medieval que se dirigen a la tumba de Santiago el Mayor, situada en la catedral de Santiago de Compostela.
Lo he consultado en la Wiki.

Ella y un hermano suyo hicieron unas jornadas que cubren desde Francia, cerca de Roncesvalles, hasta la ciudad de Burgos.
Un total de once días de caminata.
Comentó que habían tenido buen tiempo salvo un par escasos de días que estuvieron acompañados de la lluvia. Perfecto.
Dijo también un detalle que captó mi atención.
Es chocante, pero una vez lo piensas dices -coño, pues es verdad, ¿qué se hace con eso?
Te pongo en contexto.
De normal se hace andando con una mochila a cuestas. En esa mochila se lleva todo lo que crees que puedas necesitar en modo básico.
Un neceser, un botiquín para pequeñas urgencias, unas mudas de ropa interior, varias zapatillas de recambio, ropa de abrigo, más ropa de no tan abrigo…
Dependiendo de la época del año en que lo hagas la preparas de una manera o de otra.
Parecido a como lo haces al partir de viaje.
Con la salvedad de que aquí la llevas a cuestas todo el Camino. Hay grupos que llevan un vehículo de apoyo que les va adelantando el material en las siguientes paradas en albergues u hostales, pero son los menos.
Quieras que no, llega un momento que arrastras peso que sabes, o intuyes, que no vas a necesitar para nada. Es peso muerto que merma tu capacidad y sólo aporta cansancio al cabo de la jornada.
¿Qué haces para aligerar peso de tu espalda?
Por descontado que puedes abandonarla por el camino. Aparte de ser una guarrada es un dineral que tiras sin contar la suciedad que dejas a tu paso.
A lo tonto y, sin darte cuenta, te puedes quitar de la espalda tres o cuatro quilos.
Esa “pequeña” cantidad de peso puede ser crucial para continuar a buen ritmo y te va a permitir llegar un poco más fresco al final de cada jornada. Y, al regreso, también vas a ir más ligero si regresas en tren, por ejemplo.