Hace unos días me encontré con eltontolagorra.
Otra vez.
Eltontolagorra es aquel al que le dicen, mira aquí tienes el manual y no te apartes de él.
Dá lo mismo si llueven cocodrilos con la boca cerrada como si se te llena la brageta de pirañas.
El manual no lo contempla luego no existe.
Te estás quedando sin huevos a bocados, si, pero en el manual no aparece la posibilidad de que eso pueda llegar siquiera a suceder.
Entonces no hay solución.
El manual es el Santo Grial.

Lo que no se contiene en él no existe.
Te cuento esto a razón de tener que lidiar con la nuestra Santísima Administración.
Marrrdita empresa pública y sus marrrditas cabezas cuadriculadas.
Un albarán que, todo el mundo lo sabía, debía (y podía) estar preparado ya de antemano.
No. No lo estaba. Además, como la persona responsable de su confección no estaba presente, no se podía hacer con ese modelo.
Miles de ejemplares preparados para salir a repartir. Miles. No se podían mover hasta que se supiese la cantidad exacta.
Además, para acabar de adobarlo, no estaba todo: faltaban unos miles aún por llegar. Eso sí, alguien había abierto ya una caja y había cogido unos ejemplares.
¿Para qué? Ni se sabe
¿Quién ha sido? Ni se sabe
¿Cuando y cuantos ha o han sacado? Ni se sabe
Y no lo sacabas de ahí.
Emperrao en que necesita un número exacto. En que había que esperar. Que él ni sabía que había llegado material.
Ahí, emperrao el tontolagorra.
¿Se hizo el reparto? Si, claro.
¿Se aclaro algo?, Si´ claro, se facturó como de costumbre. El trabajo se hizo como siempre salvo por el trance.
PadreNuestro que andas por todas partes, líbranos de tantos tontoslagorra que aún pasean por los pasillos y despachos. Por favor
Postadata: Quieres joder bien a tu cuñao, reenvíale este post.
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Que tengas un día bonito