Estamos tan y tan habituados a ciertas situaciones que se nos hacen extrañas cuando hay alguna variación.
Voy a contarte algo a sabiendas de que no te interesa lo más mínimo.
Ayer mismo por la tarde.
Viernes tarde.
Salgo a repartir para que quede una zona bien grande límpita, sin cartas pendientes.
Para acabar bien la semana.

Voy pasando calles y calles. Largas, cortas. Todas.
Me paro en un bloque, reparto en vehículo eléctrico, -uno de esos malditos patinetes que me permiten avanzar con su velocidad respecto al ir andando- estoy llamando al portero electrónico y me responden preguntando por quién soy.
A mi respuesta de ser cartero me dicen que, a esas horas, serían sobre las cinco y media de ayer tarde, a esas horas los carteros no reparten. Quiere saber de parte de quien voy.
Lo primero, estimada señora -pues se trata de una señora-, todos los carteros reparten mañana y tarde puesto que hay unos servicios que requieren una visita en horario de tarde.
De paso que hacemos la visita, si hay correo ordinario para esa calle, también lo llevamos. Por lo menos en mi casa se hace así de esta forma.
De segundas, estimada señora, los carteros llevamos cartas de bancos y de empresas de suministros entre otras. En nuestro caso es así.
¿De parte de quién vamos pregunta?
De parte de quien le suministra agua luz, o gas. O del que le quiere ofertar un nuevo satisfayer, señora. No es relevante.
Tanta celosía es cargante.
Te encuentras un edificio que no hay nadie, casi nadie, y el que responde te sale con esas y lo único que consigue es que no se entreguen las cartas ese día. Ni las de ella ni las del resto de los vecinos.
…Esa molestia se evitaría conociendo un poco esto de aquí…
Circulamos a todas horas casi para conseguir una cantidad razonable de entregas a tiempo. No deseamos encontrar a señoras como la que me ha acompañado hoy.