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Dos Pastores Alemanes de Madrugada que Corren

Sabes, hay una cosa de mi que mucha gente nos conoce.

Hace muuuchos años trabajé en seguridad.

Seguridad de esa que te dan una porra, una gorra y te dejan en una garita hasta que amanece vigilando una nave.

A veces la nave vacía, otras veces no. Una nave con máquinas o camiones. Con suerte te tocaba en la entrada de algún evento.

Seguridad. Camarero. Dependiente, Construcción…

¿Quién no ha tocado alguno de esos palos en su vida?

Alguno. O todos.

A mi me “toco” una nave de una agencia de transportes.

Camiones y mercancías.

Recuerdo que estuve un año entero. Doce horas. De seis a seis. Siempre de noche.

 Al lado mismo de la carretera que lleva a la playa. Y a los lugares de fiesta nocturna. Había días, noches, que eran una tortura; todos de fiesta y tú, viéndolos pasar.

Y luego, en la madrugada, regresaban.

Allí estaba yo, en compañía de dos perros. Dos pastores alemanes. Madre e hijo.

Una noche, era invierno, arrancaron los dos en loca carrera a no sabía yo que leches habían visto/intuido. El caso es que en un segundo me acojoné y todo.

¿Qué ocurría pues?

Un gato.

Un gato había saltado la valla buscando el sabrá lo qué.

De lo que estoy seguro es que no esperaba un par de amiguetes de ese calibre.

En la loca carrera de huida se topó con un poste. Un poste de los que se usan para el tendido eléctrico. Ahí ves al gato. Él en lo alto del poste. Los perros abajo, saltando y intentando trepar.

En la parte de arriba, y agarrado como pudo, se pasó la noche el pobre gato.

El arriba. Los otros abajo.

Aquellas noches que, no pocas veces parecían eternas y que no iban a acabar nunca una forma que encontré de pasar las horas más rápido, por lo menos en apariencia, fue coger el habito de leer. Leia todo lo que caía en mis manos. Prospectos, catálogos, hasta incluso facturas que encontraba encima de las mesas de los despachos. Con el único afán de pasar las horas y que las noches me pareciesen mas cortas.

Leer libros fue el siguiente paso.

Leer libros distraía mi atención. Y un vigilante que no está atento no puede hacer bien la tarea encomendada. Entonces descubrí las grabaciones, aunque primero pase por la radio.

La radio me permitía desconectar un poco. En ocasiones demasiado. También.

No me servía.

Al cabo de los años pues la tecnología no lo permitía por aquellos entonces, llego una herramienta. Una herramienta, en mi opinión no solicitada, imprescindible si te gusta consumir libros y necesitas el sentido de la vista libre.

Los audiolibros. Los libros en formato audio (en realidad cualquier contenido en audio) te permite tener ojos y manos libres. Cientos son ya los libros, novelas y manuales que llevo consumidos en este formato.

Ahora ya no trabajo en seguridad. Ahora toco cartas y continuo con mis audiolibros

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