No es que el ayer fuese mejor, que también
La velocidad en que cambia todo no da tiempo para la adaptación.
Nuestro cuerpo, y nuestra mente menos aún, están preparados ni adaptados a tal velocidad en los cambios.
Buenos días, si me lees por la mañana.
Hoy Nochebuena.
Y comienzo con un asunto sesudo.

Cada semana que pasa nos quedamos obsoletos, en muchos aspectos y apartados de la vida. No solo en la empresa, en la rutina cotidiana y doméstica también.
No hace tanto, la ropa se lavaba en ríos. Y se iba limpio a los sitios.
Se cocinaba en leña. Y nadie se moría de hambre. Bueno sí, como ahora.
No había televisión ni smartfones ni tablets donde ver entretenimiento. La gente se aburría menos.
La gente hablaba por la calle en lugar de enviar un mensaje de texto.
Las personas se felicitaban las fiestas y las nuevas nuevas por escrito. En papel.
Es más inmediato un mail –como es el caso de lo que estás leyendo- pero no te deja tocarlo. Ni arrugarlo, ni abrazarlo. Más te diré, no podrás revisarlo en pocas semanas; se habrá quedado olvidado quien sabe a qué altura (¿o es bajura?) de la pantalla.
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En un día como hoy, Felices Pascuas.
Vive y disfruta el momento.
El ahora es ahora
Un momento que ya no regresará si no es en tu memoria.
Algo que dura más que un momento
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