Durante una buena temporada mi morada estaba ubicada en Alicante, concretamente en el barrio Santa Isabel de Sant Vicente del Raspeig.
Si no estabas al tanto, ya eres sabedor.
Allí tenía mi familia y un cacho de cama donde acostarme y hacer guarreridas.
Un compañero del chiquillo en el cole (ahí no hacia guarreridas, las hacía en la cama), mejor dicho, el padre de ese compañero era banderillero.
Que no, que no hacíamos marranadas juntos. Eso ya pasó.

Era banderillero. De esos que, son un par de buenos cojo.. se plantaban delante del toro y le clavaban un par de cachos de hierros con punta en el lomo antes de darle la espalda. Al toro.
Uno de los días de corrida (de toros, no te me vayas por los lados) el toro cambió rumbo en busca de su espalda. No encontró espalda, pero si culo.
Se la metió por donde tú imaginas que és por donde amargan los pepinos.
Dicen.
Hasta ocho centímetros se la clavo por el agujerito del ano…
Eso me dijo.
Chico, andaba por la calle igual que la muñecas de Famosa, ¿recuerdas en anuncio?
Todo tieso, sin doblar rodilla.
Daba risa y todo. Hasta que te explicaba lo qué. El motivo de esos pasos tan tiesos y cortos.
El no reía.
Le dolía, decía.
Ese día aprendí a mirar atrás y no al tendido.
Por las cornadas.
De veses, de reparto, hago como los espías. Uso los escaparates como espejos instantáneos para ver lo de detrás.
Postadata: -Va por tí Manuel-
En esos días de dolor taurino (para él) también daba yo pasos de muñeca. Lo mío fue una operación en el bajo coxis.
Muy doloroso también, aunque sin penetración.
Postadata2: ¿Qué tiene que ver esto con las cartas? Nada. Me apetece compartir