Voy, acompaño a mi gente a una localidad de la costa. Tenía que pasar a visitar un cliente de la localidad.
Los dejo repartiendo y me voy a lo mío.
Visito al amigo-cliente. Tomamos café. Hablamos. Preparamos un poco campañas. Eso que se hace en esos sitios, ¿no?
Acabo pronto las visitas y, como tenía que recoger al personal, me sobraba tiempo. Llamo por teléfono a la que creía que estaría más cerca de donde me encontraba en ese momento.

Para echarle una mano en el reparto. Sabía yo que andaban muy apretadas de tiempo.
Quedamos en una esquina cerca. Compartimos los portales que le quedan. Así recuerdo también yo los días de reparto. Y también compruebo como «llevan» la zona.
Me meto en un edificio graaande. Dos escaleras tiene el jodido. Lo de siempre, telefonillos de con cámara.
Un minuto entero entre llamada y llamada. De reloj. Comprobao por el mua.
Mira, ya perdiendo la paciencia…
Llevaba casi todos los pisos de una escalera timbrados ya. Aparece por la calle un vecino, de la otra escalera, pero dá lo mismo, tengo que entrar en las dos.
Estoy concentrado echando cartas en los buzones, todo concentrado.
Unos buzones con más desorden que orden.
No me extraña nada que mis carteras pierdan la paciencia. La mitá sin nombre. Sin piso ni letra, apenas un número que a saber que coño significa.
Se trata de un código secreto digo yo.
Concentrado estoy cuando siento que me llaman la atención.
Se trata de la Sra Presidenta que la Comunidad. Se queja de un problema que hubo seis meses atrás. ¿Perdona? ¿A ocurrido de nuevo?
No.
¿Entonces?
Toda prepotente me dice el cómo tengo que hacer mi trabajo. Que hay que ir a reparto con todo bien ordenado y de esta forma cunde más.
¡¡Cooooño!! ¿Cómo no se me ha ocurrido antes?
Claro, si las llevo ya todas con un cordelito una por una, las encontraré más facilmente. Otra cosa es que el cordelito sepa donde tiene que colocar la carta.
Lo primero, sra mía, es tener las cosas como deben estar. Los domicilios bien señalados, que cualquiera sepa quien vive en cada una de las casas.
Es la forma de que lleguen las cartas. Otra cosa es que el cartero sea un inepto y no sepa leer.
Acabé con los portales. Cabreado por la prepotencia de la presidenta (si, ya le he quitado la mayúscula). Es ella la más millor de todos y sabe «perfectamente» como hacer las cosas -toodaasss- para que todo funcione.
Mira, para quitarme ese mal sabor de boca cada vez que me acuerdo, y para ponerte un poco contento -es un intento- de llegar hasta aquí abajo, te voy a dejar dos palabras mágicas que te van a ayudar a abrir muchas puertas en esta vida. Atiende y toma buena nota; EMPUJAR, TIRAR.