La costumbre no es. Es la mala educación. Mejor dicho, la mala educación se ha convertido en costumbre.
Llego a una gasolinera, da lo mismo donde, y encuentro una enorme cola de vehículos con mi misma intención. Me pongo en la cola del surtidor siete. Tengo dos delante, uno repostando ya y el otro esperando.
Observo que todos los surtidores están igual. Dos/tres coches en cada uno. Mientras espero em imagino que se avecina una nueva subida del precio de combustible. Los planetas están «alineados»; cambio de quincena, pleno agosto, millones de desplazamientos en ciernes. Son cerca de las dos y media de la tarde, ¿No come nadie en esta ciudad o qué?

Me fijo en el surtidor ocho. Está al lado del mío. Veo un coche negro, un utilitario, repostando. uno blanco a punto de entrar trás él.
De repente aparece otro coche negro, pequeño también. Da un quiebro peligroso. Se mete en dirección contraria y se le cuela al blanco del ocho. El conductor del blanco despotricando, llamándole de todo menos guapo mientras el del coche negro sin inmutarse. Ni bajarse del coche. Cuando el del utilitario negro ha acabado de llenar el deposito y se ha ido, el otro negroha puesto primera y se ha puesto a llenar el deposito. Ahí, como si nada. 32º a la sombra que dan esos techos de gasolinera.
¿Te suena la situación?
¿Subirá estos días el combustible? No lo dudo. Me he quedado, eso si, con la poca vergüenza del tipo del coche negro. La desfachatez que ha demostrado delante del niño, hijo suyo supongo, que llevaba en el asiento trasero.
Como decía áquel, eso ya depende de la educación de cada uno. Soy de la opinión de que ese «señor» la tiene toda la educación. Y la vergüenza también. Ha quedado demostrado que no hace uso de ellas.
Situaciones de estas se pueden ver a diario. Todos llevamos prisa. ¿Prisa para qué? ¿Para ir a trabajar? Lo dudo mucho.
En tiempos había relaciones epistolares que permitían disfrutar de la espera. A vuelta de correo, se decía. Hoy, todo debe ser inmediato, sino no vale. No sería, creo yo, del todo malo volver, de vez en cuando a los orígenes y saborear ese bien tan preciado y escaso. Eso que no valoramos hasta que lo perdemos. Se llama tiempo.
Repartimos y recogemos epístolas
Ah, Durante la era de los barcos de vapor, se utilizaron cañones y cohetes para lanzar bolsas de correo desde un barco a otro mientras estaban en alta mar.
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