… y tanto les debemos
Hoy vengo a divagar
A pensar y, si es posible, a hacer pensar. Si se logra ya va a ser gratificante
Mis ascendientes fueron agricultores en su mayoría. Hubo zapateros, barberos, jardineros…
Casi todos como segundo empleo

Ahora hay un cartero privado (ese soy yo) y de otras profesiones diversas
Te asomas al campo un fin de semana cualquiera, o en tus vacaciones, vuelves al pueblo de tus ancestros
Un amanecer en medio del campo, descubriendo el despertar de la Naturaleza es… ¡impresionante!
La cantidad de vida que se ve y se oye. Todos en busca de ese primer bocado del día. Bastantes de ellos serán el primer bocado de otros que también buscaban
Los árboles. Con sus sombras y movimientos, movimientos creados en base a la luz que les llega
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O sea, que el movimiento es su sombra
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Imagina en la vorágine que estamos inmersos tener que esperar todo un año para ver resultados de tu trabajo
Según que proyectos se emprenden en las grandes corporaciones doce meses quizá no sea tiempo suficiente para materializar un trabajo
Ahora vamos a imaginar a ese agricultor que pasa los días oteando el horizonte desde el asiento de su tractor. Absorto con el ir y venir de las nubes.
Deseando que todo acabe bien y poder continuar avanzando
Un año más
Para pensar en las heladas ni preocuparse por las lluvias torrenciales ni los vendavales
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Misión imposible
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Al aire libre se está a expensas de lo que te viene. Sol, viento, lluvia… Lo que venga toca capearlo
En mi profesión ocurre algo similar, aunque con una “ventaja”. Los beneficios no dependen de una helada temprana o tardía sino más bien del uso que se haga de mi servicio
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Ahora, y como despedida de hoy, imagina por un solo instante una máquina que fabrica piezas una sola vez al año.
Esas piezas son vitales en algún aspecto de nuestra vida y dependen de muchos factores que provienen de los cielos. Esa máquina se llama árbol y la cuidan nuestros amigos los agricultores
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