Atiende a lo que te cuento a continuación, quizá pueda ser de ayuda para tí o para alguien conocido.
Resulta, ocurre y acontece que, como bien sabes, en deveses, también salgo a repartir cartas y certificados.
Soy de la opinión de que por empleados que tengas, tienes que bajar a la arena y conocer de primera mano lo que pisan las personas a la que mandas a pisar esa arena.

Me fuí a terminar una zona de certificados. Una comunidad entera. Tres escaleras completas para mí.
Hago lo de siempre en esas circunstancias, llegar a la puerta y elegir una de las escaleras, coger el ascensor y hacer las visitas bajando.
Así lo hice. Todo bien. Arriba y bajando llamando a los timbres. Éste firma, éste ausente, algún que otro desconocido siempre aparece y siguiendo para abajo.
Llego abajo y voy a la siguiente escalera. La B, desdeñando los bajos para el final.
Los últimos los de abajo. Como la vida misma.
Entro en el ascensor y pulso al 6º. Arriiiiba.
Se para el ascensor y me quedo mirando la puerta. No se abre. Mierdass. Atrapado me temo.
Intento abrir un poco la puerta y.. confirmo que estoy entre dos plantas. Lo dicho, atrapado como una rata.
Calma. En esos momentos es cuando hay que tener mucha.
Te lo voy a resumir para no aburrir demasiado.
Calma y confianza. Te encuentras atrapado en una caja que se aguanta por un cable que no ves y no sabes cuantos metros te separan del suelo. Calma.
Toco el botón rojo de alarma.
Espero un par de minutos.
No se oye nada. Todo diós pasa de mí.
Menos mal que no me quedé a oscuras. Recemos para que la cobertura llegue hasta el hueco donde me encuentro. Puedo realizar llamada. ¡¡Bien!!
Doy aviso al servicio técnico y me confirman que sale un operario hacia el edificio.
Pasan unos minutos, no más de diez y el ascensor se pone en marcha.
¡¡Óle, óle, La caja sube!!
Llego a donde iba, al sexto. Lo primero que veo al abrir la puerta es un señor con una mochila al hombro. Le agradezco la rapidez en llegar y solucionar mi angustia.
Me mira como quien ve un elefante de color morado y me dice que él no es operario y qyue recién acaba de salir de su casa, que está en esa planta.
Resumiendo… Le doy las gracias de nuevo y le comento el detalle. Acojonado prefiere bajar por la escalera. Yo también, bueno yo bajaba por ahí de todas formas.
Voy bajando y al llegar abajo del todo, ¿a quién me encuentro? Pues si, al operario de los ascensores. Blá, blá blá, le resumo agradeciendo su rapidez (no ha pasado ni una hora desde que se paró el ascensor conmigo dentro) dándole todo lujo de detalles de lo ocurrido.
Me salgo a la calle y dejo el edificio. Otro día más.
Ahora que has llegado aquí abajo, dos cosas te digo…
Si te encuentras en una situación similar, calma. Mucha calma. Otra, si quieres hacerme pasar por otro mal trago, haz que vaya a entregar cartas, certificadas o no, a tu nombre.