Bueno, como curiosidad. Para comprobar hasta donde puede llegar la tontería de los hombres.
Los coches automáticos tienen su qué, no te voy a decir que no.
Para un ratito. Nada más.
Amigos míos que hacen uso de esa tecnología a diario me miran como a un perro sarnoso cuando les digo esto.

El poder decidir el momento en que vas a cambiar una velocidad no tiene precio.
El hecho de ser tu quien elige la velocidad en que desciendes un puerto de montaña…
Si consigues bajar de vueltas puedes adelantar más rápido. Y eso se consigue bajando una velocidad. Un cambio automático no siempre permite jugar de esta forma.
Soy de cuando abrías el capó de un coche y veías cosas lógicas
Cables, tubos, hélices, piezas que se movían al estar el motor arrancado con lo que se podía prever su función.
Hoy, levantas un capó de coche, si te deja la centralita, y te encuentras cables y cajitas.
Y centralitas por todas partes.
Se te jode una de ellas y te puedes quedar sin coche.
Todo lo que se pueda automatizar y simplificar me encanta… en la computadora. Fuera de ahí, aún me cuesta de asimilar.
Ya ni te cuento con el coche autónomo…
Eso, si eso, para otro día
Ara, volvemos a lo de siempre, te estás preguntando que qué coño tiene que ver lo que te cuento con las cartas.
Nada y todo.
En unos días se celebra una fiesta, ya te contaré de ella, a la que asistiré y, a resultas de los preparativos me ha vuelto a la cabeza el asunto de los cambios automáticos