Estamos a las puertas de Navidad
Se han encendido las luces de las calles de todas, o casi, las ciudades del mundo me atrevería a decir.
La música suena por doquier. En cualquier rincón y no a cualquier volumen. Los hay que casi no se oyen y otros que «invitan» a chillar para comunicarse.
Se avecinan fiestas, reuniones familiares…

Si no te vas a encontrar con tu cuñado, si, ese que sabe de todo.
Si no te vas a encontrar con él, digo, dentro de unas poquísimas semanas es que eres tú ese cuñado.
Bromas aparte.
¿Bromas?
…
…
Estamos, nos encontramos, en pleno reparto por las casas de mi propia localidad entregando, por todas las casas y viviendas, el programa de las fiestas navideñas que han preparado tanto el propio Ayuntamiento como diferentes entidades del pueblo.
A las gentes de mi entorno no les gusta esperar y nos detienen por la calle para que les demos un ejemplar del programa (pequeño díptico con la programación de esos días). Poco importa que pocos metros más allá se les deja un ejemplar en el buzón. ¿Para qué esperar?
Lo quiero ojear ya.
Y criticar.
Esto es lo que se lleva en los pueblos todavía; el no encontrar nada bien lo que hacen los demás.
El encontrar la repetición de lo que se hizo hace nada.
El buscarle la punta al porqué de cambiar el recorrido de la entrada de los reyes Majos, por ejemplo.
El si hará frio esoas noches o, por el contrario, vamos a tener que ir en manga corta como algúna navidad no muy lejana ha ocurrido.
Bueno, que si quieres que me encargue de entregar los «dípticos» de la próximas fiestas por las casa de tus vecinos puedes encontrarme aquí.
¿Tienes un negocio y quieres recordar a las personas que existes? Coño, ¡llámame!