enviar cartas en tarragona

Prueba esto y verás cómo te miran de otra forma en tus citas

El otro día fui a cenar con unas amigas.

Si, a-mi-gas.

En plural y femenino.

El caso, que no viene al caso, es que llegué`puntual (están ya, las pobres, acostumbradas que siempre llego el último). Cuando entré en el local faltaban apenas cinco minutos para la hora.

Pregunté por la mesa al primer mozo que se acercó. Me respondió que no sabía nada de una mesa para nosotros (somos habituales, todo hay que decirlo) aunque me invito a sentarme mientras les daba tiempo a las damas de llegar.

Al poco se acerca de nuevo el mozo inquiriendo si deseo tomar algo mientras tanto.

Mi respuesta fue No se toma nada mientras estás a la espera de unas señoras

El chaval quedó un poco desconcertado.

Le dije que otro día se lo contaría.

El por qué.

A tí te lo voy a desvelar ahora mismo.

El primero de los motivos es que, sea lo que sea que pidas, hace de calendario. De reloj.

Llámalo como quieras pero el hecho de que pidas una copa, o un helado si es lo que te apetece, marca el tiempo que llevas esperando. Puede que la persona que se ha retrasado, por el motivo que sea, se lo tome como un halago.

No es lo habitual.

Lo más lógico es que lo tome como lo que és, una demostración del retardo del que a sido protagonista.

Primera bofetada en la cara.

No empieza muy bien la cita.

Nada más llegar encuentra una copa medio vacia en la mesa.

Eso demuestra que la persona en cuestión ha tardado mucho en llegar, o bien el primero tiene por costumbre llegar media hora antes a las citas.

Si eres de los del segundo acaso y no es la primera ocasión en que os citais, no te afecta para nada la impresión que pueda causar este hecho.

Ara viene la otra, quizá pidas algo fuerte para beber, para «hacerte pasar» los nervios, y lo que consigues es un efecto peor aún si te sienta mal. Vas a quedar como un borracho de primera. O borracha.

Deja que te cuente un secreto. Yo no soy barman, pero tengo un libro digital que te explica como reducir el tiempo en las entregas de cartas y paquetes.

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Ah, por descontado todo depende, como decía Pau Donés. Depende de la confianza que se tenga con la persona o personas con las que se ha quedado y el motivo por el que se ha quedado.

Si la dama, o el damo con el que vas a cenar, es un pariente cercano, puedes actuar como de costumbre; ya te conocen.

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No tengo ningún don especial.
No pretendo convencerte de nada.
Yo simplemente cuento historias.
Una al día.
(Casi) todos los días.
Si no te ves capaz se soportarlo, deja paso al siguiente; los dos seremos igual de felices.

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