Si hace un tiempo que me sigues, que me acompañas en la lista, sabrás sin duda que no siempre he sido cartero.
Anduve unos años montado en un camión. Hace ya unos años de eso también.
En cierta ocasión fui a llevar unas toneladas de pintura a un comercio de la ciudad de Elche.
Si no eres de estos lares te apunto que Elche es una bella ciudad del Levante español conocido por su palmeral (Patrimonio de la Humanidad y Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO).
Culturagratisqueteacabodeentregar

Bueno, pues yo fui a un polígono industrial. A una tienda de pinturas y decoración.
El polígono es de aquellos viejos viejos. Con coches aparcados en ambos ladosde las calles quedaba, queda, escaso espacio para cuzarse dos camiones. Recuerdo que estaba llegando ya enfrente del local. Iba despacito porque me tuve que cruzar con otro que bajaba -era un poco cuesta arriba- y estaba pendiente de los coches aparcados, en batería, a mi derecha.
En eso que veo de refilón un coche que se mueve a mi lado. Un coche marrón. Un Mercedes 300.
Si lo recuerdas, el Mercedes 300 tenía y tiene un capó y un maletero impresionantes. De esos que cabe medio piso en él.
El coche color marrón glacé. Bonito. Impecable. ¡¡Y se había movido!!
Con toda la documentación en regla y me temblaban las piernas. Bajo de la cabina y doy la vuelta para ver que había pasado. Me encuentro el coche entero. ¡¡Menos mal!!
La rueda, el neumático, pegado al paragolpes del coche. La media vuelta que había dado la rueda hasta que me detuve dejó una franja negra en el parachoques. Ná, un cacho de tres palmos.
Mierdas. Ya se jodió. ¿De quién coño será el cochecito?
¿De quién iba a ser sino? Del que había comprado la pintura. Claro. ¡¡Cómo no!! Ahí me dije, -a ver Josep como lo haces para decirle suave a ese señor que te has enganchado…
Entro en la tienda y le digo al dependiente, – ¿Ese Mercedes marrón de ahí es de tu jefe?. –Si, me contesta. –Dile que salga un momento, por favor.
En menos de 10 segundos estab un tío más alto que yo preguntando que necesitaba.
Le digo todo serio, –Nada, que me han dicho que te gusta viajar con poco equipaje, ¿no?
Miiira. Empezo a correr hasta la calle vociferando ¡¡que le has hecho a mi coche!!
Ahora es de risa. Luego, al ver el coche enterito se calmó. Ese día no se reía nadie. Palabrita del niño Jesús.
Arañar coches hace tiempo que no araño. Gestionar correspondencia, a diario.
Ah, el coche se tuvo que pintar entero porque al ser glaçé metalizado se notaba demasiado el parche si no se hacía así. O sea, eso sí fue un marrón.
Ah2. Siento el rato que te he entretenido. No he sabido resumir mejor.
¿Dudas, preguntas? arriba en el enlace. Para suscribirte busca el formulario más abajo
Ah3. Antes de la invención de los sellos postales, el destinatario del correo era quien pagaba los costos de envío.