enviar cartas en tarragona

Somos dinosaurios y llevamos calcetines

Tengo un amigo que tiene un negocio.

En verdad tengo varios de estos. Y conocidos con negocios a montones.

Ese en concreto, Enrique usa de nombre -el que le pusieron en la pila-, tiene un negocio relacionado con la agricultura.

Se pasa el día hablando de plantas, tratamientos, fitosanitarios y otras hierbas con sus clientes.

De jovencito apareció la oportunidad de hacerse con el negocio de Pedro, que se jubilaba y, allí estaba Enrique.

Aún teniendo a Pedro al lado como maestro una temporada, no dudes un solo momento que sus apuros a pasado más que a menudo.

Es vasto y amplio el horizonte agrícola.

Abarca desde la más tonta de las hierbas, si es que hay alguna que sea tonta, hasta el tratamiento más complejo para erradicar alguna plaga. Ya sea por medios fitosanitarios como más ecológicos.

Todo esto no es lo que más llama mi atención. Lo que atrae mi atención es que nunca a buscado crecer.

Cómo negocio.

Continua en el mismo local de cuando empezó.

Lo hace él sólo, sin ayuda de empleado alguno.

No ha buscado una expansión. ¿Para qué?

Eso sí, su preparación si la ha ampliado. Recuerdo, de niños, cuando apenas diferenciábamos un limonero de cualquier árbol de cualesquiera parque.

Con el tiempo ha aprendido mucho además de lo que ya sabía.

Los hay que no quieren esperar mucho tiempo y se asoman a esta ventana.

Después regresan aquí y me responden si les ha agradado o no les ha gustado ni pizca


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No tengo ningún don especial.
No pretendo convencerte de nada.
Yo simplemente cuento historias.
Una al día.
(Casi) todos los días.
Si no te ves capaz se soportarlo, deja paso al siguiente; los dos seremos igual de felices.

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