Estaba el otro día repartiendo una zona que conozco muy bien…
El otro día estaba de reparto por una zona, casco antiguo se le llama, de calles pequeñas, estrechas.
Raro en mí, pero iba caminando. Mochila al hombro y avanzando por la dercha de la calle.
Arrimadito a la pared.
Es la mejor forma que encontrado de que no se me lleve alguna bicicleta o el esporádico coche de turno.

Calle abajo cuando de repente una voz detrás mío suena: –No, si hasta sabes donde están los buzones sin mirar…
–Si claro, le digo, es la costumbre ya..
De tantas veses que me he «paseado» la calle ya me sé donde y cómo son los buzones de cada una de las viviendas.
Sé suando tengo que doblar el lomo y bajar hasta casi a ras del suelo para poner la carta en el hueco. Recuerdo si está a la derecha o a izquierda de la puerta de entrada.
Si tiene tapa y hay que doblar un poco el sobre si éste es un poco grande. Donde puede estar el perro de turno agazapado.
Pequeños detalles que se aprenden con la práctica. Una de las mejores formas de aprender lo que sea; ¡haciéndolo!
Cada vez son más las zonas que me conozco de la misma forma que es más usual que sepa que responder cuando hablo con un cliente a causa de algún servicio que necesite.
Día trás día se aprende a explicar y detallar más y mejor el trabajo que hace el cartero.
No, no es sólo meterla en un agujero, de eso ya se escribió en otro momento hace unos días…