Hace unos días pude rememorar los inicios de mi negocio.
Bueno… Mejor dicho, pude recordar sitios y lugares en los que hacía tiempo no estaba.
Mira.
Mis inicios fueron entregando cartas certificadas, certificadas unicamente. Ahora ya no es exclusivo.
De ahí que entonces comenzase a usar, aún hacemos uso de ellos, el patinete eléctrico. Es la mejor y más ágil forma de moverse por las calles.
Alguno pensará que somos un peligro por circular sobre semejante artefacto.
No lo voy a discutir.

También hay conductores (de coche) que estarían mejor sentados en el sofá de su casa antes de sentarse delante de un volante.
Hace unos días, decía, rememoré no tan viejos lugares.
Llegué de noche. Iba de cena con unos amigos. No recordaba muy bien por donde llegar, y menos donde dejar el coche.
El gps incapaz de encontrar la calle.
¿Recurso? El de toda la vida, preguntar a las personas. Coño, como se ha hecho desde que la luna alumbra las noches.
Por cierto, había una luna llena preciosa esa noche.
Veo un coche que aparca. Una mujer llega de trabajar. Desde lejos la saludo. Para que vea que no hay malas intenciones.
Le explico mi problema.
En un par de minutos me cuenta; cómo llegar a la calle en cuestión, la mejor ruta. El mejor sitio para aparcar cerca y poder salir después sin complicaciones.
Le agradezco mucho su tiempo al despedirme.
Me alejo con el coche y pienso con una sonrisa que éstas situaciones es muy díficil que se den en una gran ciudad, salvo excepciones muuuuy excepcionales. Habla la experiencia de alguien que se ha pasado casi media vida moviéndose y trabajando de noche.
La cena fue muy bien. Con batallitas como debe ser que ya tengo una edad. Hay más detrás que delante. Creo.