Mira, vivo en un pueblo no muy grande. Un pueblo de Tarragona, costa mediterránea.
Si me sigues hace un tiempo lo sabrás puesto que de veses lo comento.
Estar en un pueblo pequeño cerca de una ciudad grande tiene muchas ventajas (todas) y pocos inconvenientes (ninguno).
Una de las costumbres que me agradan más de un pueblo es que todo el mundo se da los Buenos Días. De una manera u otra.
Buenos días al cruzarte por la calle. Buenos días al entrar en algún comercio u oficina. Buenos días al acercarte a tomar un café acualquier bar.

Depende del nivel de compañerismo que tengas con la persona con la que te cruzas el buenos días se puede transformar con un «eh, bicho», «hola guapo», «o guapa», (que haylas muchas).
Incluso puede llegar a transformarse en un «¡Iiiieee!», o cualquier otro sonido que puede sonar extraño alguno de los foráneos que dejamos nos visiten. Eso dependiendo ya dek grado de camaradería, claro.
Todos nos conocemos. Todos nos hacemos bromas -al que no las acepta lo dejamos aparte-, todos nos enfadamos tres segundos con alguien.
No se puede estar enfadado con nadie mucho tiempo, no hay donde esconderse. Día si otro también te encuentras. En cualquier parte. Entrando o saliendo.
Nos ayudamos incluso sin querer. De veses vuelven para atrás para abrirte el portal de su casa y que puedas dejar las cartas en los buzones de su edificio y puedas continuar tu ruta. Esto no se paga, no tiene precio.
¿Vives en una ciudad grande? ¿Tienes tú las ventajas de un pueblo pequeño? ¿Repartes cartas o paquetes?
Tanto si las respuestas a las preguntas son síes como si son noes te puede ayudar el reporte digital que he redactado. Puede ser de ayuda.
Para tí o para algún conocido tuyo también
Ah, a mi lo que maás me gusta de un pueblo es que enseguida estas en las afueras. Vayas por donde vayas. Izquierda o derecha. En pocos minutos llegas a las lindes.
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