La mitad del mundo se ríe de la otra mitad
Si me lees con regularidad, y no en vertical, habrás advertido que esta semana he escrito varias veces acerca de “conversaciones” a través de los telefonillos de los portales.
Si, ha sido así.
Hoy no, ya no.
Hoy te escribo acerca de cierta maleducancia. Una maleducancia que va a mayores.
Y tú habrás advertido también cierto grado de esa maleducancia también. Y si no la has notado es que eres tú el autor de la maleducancia.

Te comento,
Cada vez noto más cierto comportamiento en las personas que van al volante. Los que conducen, conducimos, por las carreteras. En América del Sur le llaman manejar a lo que nosotros llamamos conducir, me han dicho.
Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que te escribo en sábado y, se supone que tienes un poco más de tiempo, me voy a permitir detallarlo bien por lo que, seguramente saldrá un correo “del copón”.
Continuamos….
En la autoescuela cuando me saqué el carné de conducir -allá por el pleistoceno segundo- nos enseñaban una serie de norma que, luego, cada cual las hemos respetado o no.
El conocimiento está ahí, cada cual hace con él lo que le viene en gana.
Nos recordaron una serie de palabras que con el tiempo se nota cierta ausencia. Por lo menos de su significado.
Una de ellas es empatía. No es otra cosa que “pensar” en el prójimo y recordar que no eres el único usuario de la vía.
Otra es cortesía. Va ligada a la anterior y se refiere a que, aún teniendo prioridad, cedes el paso a otro usuario de la carretera.
Está segunda se usa bastante al permitir la incorporación a una vía rápida a un nuevo usuario. Léase en las entradas de las autovías y autopistas.
También en cuestas y pendientes pronunciadas deteniendo la marcha el vehículo que está en bajada facilitando el ascenso del otro vehículo que está subiendo al llegar a algún punto más estrecho. Hay ocasiones que, en el carril de subida se encuentra un vehículo detenido (por el motivo que sea) y de esta forma el que sube no tiene que detenerse.
Todo esto lo enseñan en la propia autoescuela, por lo menos lo enseñaban. Ahora ya no hay clases presenciales como antaño; es todo más online.
Otro punto es el de encontrar una manecilla que, acostumbra, a estar justo debajo de la rueda del volante. Unos centímetros por debajo, la izquierda normalmente.
Al moverla hace un ruido rítmico y parpadea una luz en el tablero. Acostumbra a ser de color verde. La luz.
A eso se le denomina “Indicador de Dirección”. Sirve para avisar al resto de usuarios de que se va a hacer un cambio de dirección, ya sea hacia la izquierda o hacia la derecha.
Me he fijado, en las entradas o salidas de las grandes ciudades, que se circula en zig-zag, saltando de un carril a otro avanzando posiciones. Sin usar los indicadores.
¡Vaya pérdida de tiempo!
¡¿Avisar al resto de conductores?!,
¿Para qué? Ya se darán cuenta de adónde me dirijo.
Cada vez encuentro a más conductores con esa peligrosa “afición”.
Ah, otra cosa que nos inculcaban al estudiar; el hecho de “poner” los indicadores de dirección -también llamados intermitentes- no da prioridad ninguna, sólo pone sobre aviso a los demás de tu intención.
Bueno, un poco extenso quizá sí me ha quedado. Tanto como descansado me he quedado de soltarlo yo.
Ah, hoy no añado enlace para que hagas clic, Nooo, es broma, CLIC AQUÍ
Gracias por llegar hasta aquí.