Antes de acabar el artículo te cuento la forma de agilizar y ser más rápido en las entregas, pero antes de la que te comente lo que le ocurrió a un conocido.
Resulta, sucede y acontece que, por una serie de vicisitudes del trabajo, se vió en la obligación de adquirir unos terminales telefónicos para sus empleados.
Era más sencillo comprar terminales nuevos con líneas nuevas que instalar una aplicación -para el trabajo, nada de vigilancia ni fichajes- y que le concediesen permisos. No por el permiso en sí, por la burocracia que conlleva.
Tenía las líneas ya comparadas a su operador habitual. Le hicieron una mejor oferta que en otros operadores, todo hay que decirlo.

Fue a comprar los terminales. Necesitaba tres, tampoco decenas y mucho menos cientos.
Tres terminales que no necesitaban de gran tecnología ni capacidad.
Entro en la tienda y fue directamente a un dependiente puesto que faltaban pocos minutos para la una del mediodía.
Le comentó lo que necesitaba y le pidió que le indicase un poco las características de un par de modelos para ver las diferencias y elegir el que se pudiese acercar un poco más a las necesidades del servicio sin tener que gastar demasiado.
La respuesta del dependiente le dejó «a cuadros». En pocas palabras le dijo que no le podía atender hasta la tarde puesto que a la una cerraban y le atendería a partir de las cuatro de la tarde.
El amigo se resigno a no ser atendido, pero de ninguna de las maneras a irse a casa sin terminales puesto que ese mismo día le llegaban las tarjetas sim, le habían asegurado.
Salió a la calle y camino escasos 100 metros y entró en otra tienda de telefonía y le dijo al dependiente lo que necesitaba y le preguntó si le podía atender.
El chaval le atendió al momento detallando las características de dos modelos le podían interesar. 20 euros de diferencia había entre ellos. 20 euros y un poco de potencia.
Además se interesó por una tablet que, como agradecimiento, a los pocos días regresó al sitio y la compró.
Pasaron escasos 20 minutos desde que entró en la tienda hasta que salió por la puerta con los terminales activados y funcionales además de un buen sabor de boca y de la recomendación de una buena tablet.
La otra tienda, la que cerró puntual ya no cierra puntual. Sencillamente no cierra por que no abre.
Las conclusiones las puedes sacar tú tranquilamente de la diferencia de irte a comer de forma puntual como siempre o ir a comer -un día- un poco más tarde con casi 600 euros más en la caja y un cliente satisfecho.
Lo de ser más rápido en el trabajo -alguno- lo tienes aquí:
Quizá a tí no te interese lo dicho más arriba. Quizá sepas de alguien a quien si, pásale este correo, y que decida.