Parece increíble como un simple gesto te puede llevar a la desesperación
Hay muchas formas de llegar a una desesperación completa, no hay duda ninguna. Hoy quiero contarte la de Francisco.
Francisco es agricultor.
Francisco debe recoger el mismo, con ayuda de su familia y unos pocos que pueda costear, las cosechas. El dinero da para lo que da y nada más. Todos tenemos que comer.

Sus cosechas llegan al acabar el verano.
Las cosechas fuertes, las grandes. Durante la primavera y verano hace poca verdura.
En sus fincas se recogen olivas, avellanas, almendra y algarrobas además de algún melocotón tardío.
El caso es que, hará un par de temporadas, recogiendo las avellanas…
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Deja que te comente, por si lo desconoces (aun habiendo cienes y cienes, incluso miles de video en la red donde se puede ver la labor en diferentes versiones), que en sus fincas se recogen las avellanas con una máquina que va arrastrada por un tractor la cual succiona las propias avellanas, y todo lo que pilla desde el suelo para luego separar la hojarasca y las piedras del fruto.
O sea, que polvo y calor no faltan.
Bien, pues ahí estaba el amigo Francisco, chupando las avellanas, cuando, dice, que noto un golpe en un ojo.
No hizo ni puto caso y siguió agarrado a la manguera. El ojo cada vez le hacía más daño y le costaba más mantenerlo abierto.
Al rato le llevaron al médico. Una púa de madera, una astillita, clavada en el globo ocular.
Eso duele de cojones, sabes.
Se la quitaron, parche en el ojo y para casa. Con la advertencia, eso sí, de descanso absoluto, nada de acercarse al polvo y no coger peso durante al menos tres jornadas.
Les pillaba de paso y, a la vuelta, se pararon en el supermercado a comprar algunas cosillas de esas que siempre hacen falta en la nevera y en los armarios.
Y si no faltan, siempre va bien tener de más.
Salían de la caja, de pagar vamos, y le dice a su santa esposa que deje, que ya lleva él la bolsa.
Ni tres quilos intentó levantar.
Con un chillido se dejó caer en medio del pasillo. Todo el esfuerzo se concentró en el nervio óptico.
¿Conocías tú este efecto?
Pues aquí te lo dejo, porqué, como dijo Conrado un día, lo que no se publica no se conoce.
¿Dónde lo dijo? AQUÍ
Bueno en realidad soy yo el que lo dice. Y no a él sino a un amigo común.