Ayer se me confirmó que si eres una empresa grande no se atreven a toserte. O por lo menos, se les hace más cuesta arriba.
Te cuento,
Una amiga mía, conocida de cuando era adolescente ella, Hola Àurea, me trajo una carta a la oficina.
Muchas veces entra a saludar cuando estoy yo. Todo un detallazo para con un buen amigo de su madre (epd).
Me trajo una carta para decirme que ese señor no ha estado viviendo nunca en su edificio, la dirección expuesta no es Calle (c) sino Camino (cm) y que así nunca le llegarán las cartas.
Así, con ese tono con que lo has leído.

Para añadir que a mí me lo dice, pero que en la oficina de Correos no se atreve. A lo sumo la devuelve en algún buzón.
Así, con toda la jeta.
Con dos balones (pelotas no, más grandes).
Conmigo se atreve, con ellos no. Será la amistad y la confianza que llega un punto que hasta dan cierto asquito. Las dos.
Un error lo puede tener cualquiera. Yo los tengo a montones, pero no soy menos que los carteros “oficiales”. Por una parte.
Por otra, siempre se aprende algo. Ayer tocó recordar -más que aprender- que por muy alerta que estés siempre siempre se te va a “colar” alguna cosa, algún detalle.
Ese es el motivo de llevar en mente el preparar material que ayude a NO tener errores como el descrito.
Mañana voy a explicar acerca de algo que los emisores de correspondencia obvian y es de suma utilidad.
Esto será mañana