Cuando menos te la esperas, te pega un resoplido en el cogote
Ya sé que me dirás que el gilipollas soy yo, por hacer algo que no se debe.
Ya lo sé.
También, estoy seguro, me vas a decir que son ingenios del diablo. Que es satán quien los monta.
He pasado varias veces ya por esa conversación. Con lo más variado del personal.
Mira, deja que te cuente…

Andaba de reparto por una zona de casas bajas, una urbanización de chaletes. Como siempre con mi patinete eléctrico.
Veeennngaaa, ahora puedes decirlo…
¡Que no se debe ir por la acera con un engendro eléctrico como ese!
Bueno, si.. o no. Deja que te cuente…
Iba por la acera. Nadie a la vista. Aceras de más de dos metros de ancho. El sol poniéndose…
¿Situado ya?
Quizá así tu percepción cambia.
Quizá no.
Da lo mismo que lo mismo da. El caso es que llego a un punto en el que me encuentro un cable que cruza la acera.
Un cable sin señalizar que sale de una vivienda
Yo sé que no debo ir por las aceras.
Un cable sin señalizar en la acera.
Sin protección.
Sale por encima de la valla. Unos dos metros de altura para bajar de forma vertiginosa hasta el enchufe de un coche.
Anda coño… ¡que están cargando un engendro de esos eléctrico en la calle!
Y yo repartiendo cartas. Trabajando por la acera. Con patinete.
Sé que no debo circular por las aceras.
Y me encuentro un cable eléctrico sin protección y sin señalizar.
Y yo trabajando. Pendiente de las personas (que no las había) y de los números de las casas. Sin contar los más que probables perros que me están esperando. Soy cartero-