Cuando conoces y amas lo que haces lo haces mejor que bien
Mira,
Cierta vez me agencié un Renault 5 TL.
Si sabes algo de coches entenderás que se trata de un clásico. Un clásico que te lleva a todas partes.
¿Comodidades? Pocas.

Llegar, llegas, aunque no con las comodidades que conocemos hoy día en todo tipo de vehículos.
Hubo una ocasión que nevó cerca de donde teníamos la casa. Define cerca, como a 40 Km.
Con mi cuñado dijimos de llevar a los críos a ver la nieve.
Él tenía casa allí. Bueno, él no, el yerno. El que se trincaba a su hija.
Como si lo siriese, claro.
Recuerdo que conducía un bmw clase alta él. Con unos neumaticotes de palmo y medio largo. No había peligro ni riesgo con la nieve.
En cambio, mi supercinco, con unas 135 que no pasaban de 18cm de huella había cierto temor de patinar.
Salimos a la carretera. Yo delante, marcando el ritmo.
De cara a la montaña.
Cada paso más frío. Más nieve.
Comenzamos a encontrar coches parados en los arcenes. Se empezaban a encontrar placas de hielo.
Con el supercinco montaña arriba.
Sin miedo.
Mi cuñao preguntando si nos teníamos que detener.
¿Qué vamos a parar?
Si acaso en la bajada del otro lado.
Cada vez más vehículos parados. Más gente andando por los márgenes.
Hasta que, de repente…
Noto que la rueda derecha de delante pierde agarre. Patina.
Paro con cuidado y le digo a mi cuñado que hay que buscar un rincón para el coche. Mi supercinco se queda allí ya.
Encontramos una plazoleta y, con el cuñao, hicimos dos viajes hasta la casa para subir a todos.
Por la tarde, para regresar, más de lo mismo. Un par de viajes para sacar a todos de nuevo, y para casa.
..
..
Pequeños y mayores lo pasamos la mar de bien. Los pequeños ni conocían la nieve. Mi hijo fue la primera vez que la tocaba y se la paso de ensueño.
En años venideros hemos ido de visita a montañas y nieves en varias ocasiones.
Pero como la primera ninguna.