Así lo dicen las que entienden
Es jueves, de regreso de un viaje…
No hoy no, el día que ocurrió lo que te cuento
Y no, no me he ido de vacaciones. Tampoco he sido víctima de un secuestro
De vuelta de visitar a un cliente para a llenar el tanque de combustible. Si llevo pasta en el bolsillo no me gusta llegar a casa con el depósito apurado. Por si acaso, las noches se vuelven negras

Bueno, al caso, me detengo en una estación de servicio. No es tarde, todavía luce el Sol
Busco el surtidor con menos cola esperando, hay una docena de ellos pues la estación es grandecita
Me coloco detrás de un señor mayor. Mayor que yo. Parece, por la apariencia, que va a ser el que antes va a acabar de repostar
No me equivoco. Al cabo de unos segundos veo por el movimiento de sus manos que acabó de surtir combustible
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Lo que hace a continuación me deja pensando.
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Pensando en la utilidad del acto en sí. Te cuento…
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Cuando parece que acaba de salir el combustible pre-marcado, y abonado, en el surtidor (es autoservicio esa estación) veo que se agacha sin soltar el boquerel -recuerda que boquerel es la pistola que accionamos para que el combustible salga de la manguera hacia nuestro depósito- y, con la otra mano agarra el resto de manguera que queda tendida en el suelo
¿?
¿Y eso?
Anda si
Se trata de una maniobra para escurrir hasta la última gota de lo pagado
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Desde mi posición, en mi cabina, mirándole, no puedo dejar de preguntarme, ¿vale la pena?
En serio, ese dedal de gasolina, ¿merece ese esfuerzo?
A no ser que el anterior haya hecho el mismo gesto, ese mismo dedal ya te ha llegado del servicio anterior, ¿no?
Pienso yo, hay que exprimir tanto. ¿Todo?
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Una cosita antes de dejar que trabajes, o que duermas, o que hagas lo que ibas a hacer antes de decidir abrir mi correo; al leer el asunto, ¿no habrás sido tan mente sucia de pensar en alguna otra cosa que fuese poner combustible en un coche?
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Cuidadito que te leo….
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