Ayer, no sé bien el porqué, me ha venido a la cabeza el primer positivo por covid que tuvimos en la empresa.
Fue un sábado por la mañana de otoño del 21 cuando Ángel me hizo llegar un guasap con una imagen.
La foto era de un test de esos que, un momento u otro, todos nos tuvimos que hacer. Por el motivo que fuere.
Las rayitas del test indicaban que el resultado era positivo.
Primera duda que me asalta, ¿cómo se encuentra Ángel?

Le llamo y me tranquiliza. Quedamos en que hago consultas y le digo los pasos a seguir y que de ninguna manera se le ocurra salir a la calle. Por si los acasos.
No sabía por donde tirar. Sábado mediodía. ¿A quién coño preguntas?
Me acerco al centro médico, al CAP, a informar e informarme del protocolo a seguir.
Ellos tampoco sabían qué pasos debían -debíamos- de seguir con el resto de la plantilla. Paso avis al resto de los compañeros con la recomendación de hacerse un test y compartir el resultado. Yo incluido.
¿Nos teníamos que recluir? Nadie supo darme una respuesta.
El siguiente lunes, todos sanos como una rosa, empezamos la jornada pendientes de posibles síntomas.
Luego hubo otros positivos más, pero ya conocíamos del protocolo.
Hemos superado la pandemia. Sin dejar de trabajar -importante- salvo algún positivo que otro. Por «suerte» no hubo que confinar nunca la totalidad de la plantilla.
Me encontraba repartiendo en un barrio cerquita de la playa cuando me ha venido éste recuerdo.
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Nada más hoy. Que te sea provechoso. Pórtate mal y disfruta la vida