Le llaman progreso y también tiene un precio.
Se dice, se comenta, sucede y acontece que las personas prefieren lo digital de lo físico.
Dicen.
Más cómodo si es.
Lo tienes todo a tu alcance. Estés donde estés.

Cualquier terminal te va a permitir acceder a todos tus archivos digitales.
Puedes consultar cualquier documento desde cualquier lugar.
Consultar y modificar.
Visionar, leer o escuchar.
Compartir incluso desde la cima de la montaña más alta de tu lugar de residencia. Desde el valle más recóndito donde estés haciendo ejercicio con tu bicicleta. Hasta incluso desde la cama donde has estado follando hace un momento.
También desde la sala de cine donde te aburre el estreno que tanto has esperado.
Como en el anuncio de Martini. Donde estés y a la hora que estés.
Con un pero.
Siempre hay un pero.
El pero aquí es que siempre, estés donde estés, sí. Siempre que te lleguen los datos.
Si no llegan los datos no hay nada que puedas hacer. Ni visionar, ni consultar. Nada.
Dependes no solo ya de que el aparato funcione (esa es otra, sin batería nasty de plasty) sino de que entren datos.
Los datos que contienen tu archivo y lo que permiten que conectes.
Hoy todos llevamos tarifa plana, o una gran mayoría. Hace unos años, no tantos, también se dependía del saldo.
Ni se habla de esto ya.
Se habla de las ondas solares y del viento solar.
No les conozco.
Dicen que destruyen todo a su paso. Todo lo electrónico o magnético.
Millones de terminales pueden quedar en lo absurdo con un simple paseo de ese viento parece.
Miles de millones de archivos extraviados quien sabe dónde.
Hasta te permito que comentes la cantidad de fotos que has perdido al haberse fastidiado tu móvil y perder (o romper) la memoria ese cacharro.
Llegados a este punto, ya depende de la importancia de lo que tengas ahí colgada.
O de la que tu creas que tienes.
Sea cierto o no, pendemos de un hilo.
Ah, los discos duros externos no te permiten tanta flexibilidad.