De mi tiempo de conducir un camión se me ha quedado la costumbre de escuchar radio. De esa costumbre, hábito incluso, se me ha quedado un algo que me ha sido muy útil a la hora de hacer consultas en internet. No hacer caso de todo lo que se publica.
Soy hombre, y lo de leer direcciones y escuchar conversaciones no se me da del todo bien y he tenido pifiadas importantes así que he cambiado un poco de costumbres. Cuando quiero escuchar algo, me siento y atiendo a lo que se dice. Luego hago caso o no. Eso es otro tema.

El otro día escuche el monólogo ¿se le puede llamar así? de Marta.
Marta es periodista -Hola Marta- y me lee (casi, espero que hoy también) cada día y escucho sus colaboraciones en Ondacero. La escucho por Instagram aunque sé que colabora en varios medios (tele, radio, prensa…)
Su comentario decía de los cambios de opinión de las personas refiriéndose a los políticos y basándose en un estudio de la Harvard Business Review (espero haberlo escrito bien) aunque el estudio en sí se probó con directivos. Directivos de empresa.
La conclusión es que, según ese estudio, los cambios de opinión te definen como más inteligente pero menos confiable.
Mi humilde opinión es que es positivo un cambio de opinión.
Todos evolucionamos.
Tenemos otra perspectiva.
Aprendemos de errores y aciertos.
Con el tiempo.
A decir tiempo no me refiero a semanas o escasos meses. Como nos tiene acostumbrados cierta clase “mandante”. A esos movimientos, a nivel de barra de bar, se le llama cachondeo. Directamente.
Todo el mundo tiene derecho a modificar su forma de pensar y de actuar. Para llegar a eso no son necesarios un par o tres de cientos de asesores.
Sólo basta con rodearse de gente capaz.
No cientos de gentes.
Postadata: Por cierto, Marta (y disculpa que te mencione sin consultar) en los subtítulos aparece un “pero por lo vagini no parece” que chirría como una cosa mala. Cosa de la tecnología