Si, como lo oyes, bajan la voz a la vez que me señalan. Algunos con un simple ademán con la cabeza haciendo gestos con los ojos o guiñándoles.
No debe ser normal en sus casas el no estar pendiente de colores y similares.
Ni hacer caso de comentarios estúpidos de personas estúpidas.
Te cuento,
Hace unas semanas modifiqué uno de los patinetes eléctricos.
Sabes, porqué lo he comentado en varias ocasiones, que el reparto lo hacemos en moto y en patín.

Hace unas semanas, a uno de ellos tuvimos que “meterlo en talleres”. Mantenimiento y alguna renovación de piezas mayormente. Nada extraño con las herramientas de trabajo.
La moto también va al taller.
Aprovechando la entrada al taller decidí, por mi cuenta y riesgo, (también con mi bolsillo) hacerlo más vistoso. Reconocible a simple vista.
Llamar la atención sí se ha conseguido. Punto conseguido.
Nada del otro mundo se le hizo. Unas manetas, un par de fundas, guardabarros y parachoques nuevos.
Eso sí, ya no más negro. Ahora rosa. Un rosa vivo que se reconoce al paso.
Un rosa no propio, aunque si personal.
Bueno. Pues ahora, si voy yo montado me señalan.
Y cuchichean. Insinúan algo acerca de la hombría de mi ser.
Como si me hiciese falta demostrar alguna cosa a estas alturas a alguien que no sabe ni sonarse los mocos.
Si circula con él alguna de las chicas sólo lo miran. No dicen nada.
No hace falta que armes un patín de color rosa, no siquiera de color chillón, para pasarlo bien.
O sí, puedes buscar un color estridente y que les duelan las muelas de tanto chirriar.
También puedes usarlo para descubrir mundo y encontrar espárragos trigueros con ayuda de este curso.
No te va a costar nada