La satisfacción de un trabajo bien hecho
Cuando un cliente te pide alguna cosa a sabiendas que eres bien capaz de hacerla.
En el plazo.
La satisfacción que se te queda no tiene precio. Ni con la mastercard esa.
Sabes que casi unca hablo del mismo día. Acaso te cuento de otros días o del día anterior. Hoy no es diferente.

Un cliente, un buen cliente que tengo (si lee estás líneas se reconocerá, no es menester dar nombres) me pidió si se podían entregar unas unidades urgentes.
Se le había pasado el plazo caso por una serie de acasos no intencionados.
El día de entrega era ayer tarde como muy tarde. Se arriesgaba a algún tipo de impugnación.
La gente se agarra a lo que puede con tal de retrasar un pago. Retrasar que no evitar.
El caso es que las cartas no estaban a punto hasta casi a mediodía de ayer.
Le dije que sin problema, que no se lo tome por costumbre.
Varias comunidades. Diferentes localidades.
Comenzamos enseguida, pues mis empleados a mediodía se van a casa ya, máxime un viernes.
No es que lo exijan ellos, me gusta a mí que sea así.
Avanzamos algo antes de comer. Por la tarde continué yo.
Si, también yo reparto cartas. No sé de qué te extrañas.
Oscuro acabé, pero la satisfacción de “feina feta” no me la quita nadie. Por supuesto que sin la ayuda de mis chicas por la mañana no hubiese llegado a buen puerto nada. Gracias, chicas.
Un viernes más en la oficina. Cliente y amigo contento y satisfecho. Por descontado, mensaje en cuanto se acabó el encargo, también me gusta que el cliente duerma tranquilo.
Mientras…
Ya ha comenzado el fin de semana. ¡A recargar pilas!