Estoy seguro de que te diste cuenta. Ayer llovió casi todo el día.
Si eres de esta zona o cercana, lo viste. Quizá lo sufriste incluso.
Siempre se ha dicho que trabajar en la calle lloviendo tiene que gustar.
A mí no me gusta.

Una cosa te aclaro, ni estoy al pie de una farola ni llevo bolso.
Tampoco estoy en una rotonda.
En días como este es cuando más se agradece en lo tener que estar dando vueltas y vueltas en busca del número perdido, del portal escondido.
Hay que parar a veces, no te digo que no.
Cuando llueve pueden pasar varias cosas, una de ellas es que resbales y te caigas. Otra es que la permanente que llevas se te vaya al carajo por la humedad.
Ni la una ni la otra es buena, a no ser que te guste levar el pelo liso. En cuyo caso es tontería haberse hecho la permanente.
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Tú eliges.