Fue hace unos días, aunque la celebración se hizo anoche.
Su familia le preparó una fiesta sorpresa, en complicidad con amigos y demás.
La cosa empezó, para mí, hace más de un mes. Con un mensaje de guasap.
Y ahí estuvimos hasta el mismo momento de la fiesta.

Antaño, cuando llevaba yo pantalón corto, todo esto se organizaba vía epistolar, reuniones con las personas, algún folleto que entregaba con instrucciones….
Había una participación más manual podríamos decir. Menos digital.
Sombreritos de papel, trompetas de plástico, espantasuegras, serpentinas…
¡Que va a ser una fiesta si no hay espantasuegras!
Después de unos días se podían recoger las fotos del evento. Y lo revivías de nuevo.
Acaso de daban algo con referencia para guardar…
Hasta en los funerales se daba un recordatorio.
Algunos de ellos con la imagen del finado. De cuanto aún no lo era.
Ara se guarda todo en el móvil. Si acaso tropiezas alguna otra vez con esa carpeta y con esas imágenes puedas rememorar el momento.
Pasados los años, cuando abras un cajón va a ser imposible que se deslice una foto o un envoltorio de algún puro que alguien se debía de haber fumado esa noche.
Y los recuerdos volverán.
Quizá saques unos viejos pantalones del armario que hace tiempo que no te pones y en un bolsillo encuentres un caramelo olvidado.
Quizá un condón sin usar.
Torbellino de imágenes por la cabeza.
Revisarás una caja de cuando eras crío. Unos rollos medio gastados de color verde están esperando ver de nuevo la luz.
Quizá recuerdos del primer beso de aquella lejana fiesta.
¿Acaso no tan lejana?
Quién sabe ya lo que podría haber habido.
Nadie guardo nada en ningún bolsillo. Nadie metió nada en la caja.