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El papel es dócil y se deja hacer

Cuando iba al colegio, tenia yo unos trece años (si, iba acompañando a los tiranosaurios) había un compañero que no se relacionaba demasiado con los demás compañeros.

No es que fuese mal chaval, al contrario. Lo que ocurre es que era presa -permanente- de burlas y similares, por su apariencia principalmente.

Recuerdo a ese muchacho sentado apoyado en alguna pared o muro durante el tiempo del recreo. Tenía una costumbre curiosa. Seguramente ese era el motivo de las burlas.

Mira, no recuerdo su nombre, pero te cuento.

Se sentaba en el suelo apoyando la espalda al muro, daba igual verano que invierno. En verano buscaba sombra y en invierno sol.

Estaba, o bien mirando como los demás jugabamos a lo que fuese que nos pasaba por la cabeza, o bien estaba leyendo quien sabe qué en quien sabe qué revista o trozo de periódico. Mayormente leía.

Ese no era el motivo. El motivo, aparentemente, era que al hacer lo que hacía al comerse el bocadillo. Un bocadillo enoooorme.

Pegaba mordisco a la barra pan. Como necesitaba las manos para aguantar el papel y pasar página, mientras masticaba se colocaba el bocadillo debajo del sobaco.

Imagina el cuadro. Un tío, un crio, sentao en el suelo con algo en las manos que intentaba ser algo parecido a una revista o periódico, masticando con la boca abierta por elcacho pan que se metía en ella, y el bocadillo descansando en la axila.

A la espera del nuevo bocado.

Así hasta que sonaba el timbre para regresar a clase.

Con las prisas que llevamos hoy día, yo el primero, no paramos en la cuenta de, como el caso del amiguete del bocadillo «calentao», nos perdemos ell placer de manosear.

Manoseaba con la misma ansia el cacho papel como el cacho pan. Daba hasta gusto verle.

Sin ir más lejos ahora que es fin de mes, cierre de trimestre, todos tenemos alguna factura. Facturas que se meten en un archivo comprimido, después de haber mandado copia a los clientes, para hacerlas llegar al asesor para que informe a Hacienda (que lo sabe todo de nosotros ya) y nos «permitan pagar» los impuestos que tocan.

Arrugar.
Doblar.
Ensuciar.

Eso son cosas que se pueden hacer con papel.

Esas facturas nunca vas a tocarlas. Nunca las retorcerás. Jamás pondrás notas al margen recordando el motivo que sea.

Y no lo harás porque el papel está en desuso. Nadie quiere papel. Nadie queremos estorbo.

Al cabo del tiempo ese papel es un documento que, dependiendo del contenido puede ser historia. Puede hacer historia.

Al archivo digital nadie le añade notas al margen. Cuando lo imprimes es un papel nuevo. Sin marcas. Sin manchas. Sin apuntes.

Y estoy hablando de facturas solamente, pero es extensible a cualquier documento. Publicidad incuida. Y panfletos también.

Ah, es comprensible lo del espacio que ocupa la documentación. Lo del medio ambiente tiene tantos parámetros que es discutible.

Es mi opinión.

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