No me gusta estar a cuarenta grados trabajando en la calle.
No prefiero tener que caminar por la calle con las manos y pies como témpanos.
No es que quiera que me den una patada en los mismísimos huevos.
Mira, hace años que siempre suelto una frase.
Cierto es que acostumbro a soltarla cuando mi interlocutor ha tenido algún pequeño percance.
Pequeño, eh.

También cuando algo bueno ha ocurrido (esas son las menos, he de admitirlo, soy así de cabrón).
Las personas se lo toman mal. Para qué nos vamos a engañar. No se lo toman bien. Lo quitan de contexto, o se centran demasiado en él.
No lo tengo claro del todo.
La frase es la siguiente:
Es mejor tener que desear.
Si la dices cuando hace calor la respuesta que te va a venir es -¿prefieres asarte de calor?
O algo por el estilo.
Si hace frío, una similar.
Alguna vez te salen con un – ¿cómo vas a preferir una buena colleja?
Lo sacan de contexto.
Se saca de contexto.
¿Por qué?, porque la frase en sí es una mentira y una provocación de la forma en que la reciben.
Cuando acaba el deseo termina lo mejor.
Atiende, lo mejor es el camino. El deseo
Cuando consigues lo que quieres, pues es eso, ya lo tienes. Ya no lo disfrutas de la misma forma, no te llena ya.
Es mejor tener que desear.
Una vez tienes ya no deseas. Podemos pasar a lo siguiente para abrir un nuevo camino. Un nuevo deseo que nos va a hacer disfrutar del camino otra vez.
La patada en los huevos, si es lo que habías deseado realmente, ya la tienes. Vamos a por otra pues. Si ese es tu deseo.
Mi intención es hacer llegar cosas buenas a las casas. Lo normal no es eso, también te llevo facturas y similares. Pero cuando te llega una buena nueva es motivo de alegría.
Ya acabó el deseo. A por el siguiente.
Opinión no solicitada del día;
No le des demasiadas vueltas a las cosas. Decide y dá un paso adelante. El camino te lleva al deseo.
En el camino no encontrarás sino otras cosas, situaciones, etc…, que van a hacer que ese deseo sea mejor.
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