enviar cartas en tarragona

Es el día a día de un cartero

Esto es un ejemplo de lo que pasa

Para entrar en los bloques de `pisos, los carteros tenemos que llamar a los timbres de las viviendas.

Los dichos timbres acostumbran a estar dispuestos en una especie de placa en la pared, al lado de la puerta de entrada, o cerca de ella para dar tiempo a empujar cuando te dan acceso.

Hasta aquí estamos todos de acuerdo.

Para entrar hay que pedir permiso.

O avisar.

Puedes mirarlo como quieras.

Huelga decir que si sabemos que hay un enfermo o un bebé en alguna de las viviendas intentamos que no suene el timbre de esa vivienda en particular, a no ser que no haya más remedio.

Continuamos estando de acuerdo creo.

Tiene que ser muy jodido que tengas a tu bebé recién dormido tras una noche en la que no ha dormido ni dios en esa casa y venga alguien a tocar el timbre.

Con el sobresalto que puede dar ese sonido.

Hay veces que no queda otro remedio.

Y lo sentimos en el alma, el correo debe entregarse.

Hay quien se queja que siempre llamamos a las mimas casa sin detenerse a pensar que si llamamos ahí es por la sencilla razón de que ahí sí están y nos pueden abrir puesto que en el resto de las viviendas no hay nadie en horas de reparto.

Las personas trabajan.

Lo comprendemos. Los carteros también trabajamos.

Hay diversas soluciones para no tener que estar pendientes de si viene el cartero o el repartidor.

Todo esta en poner un poco de buena voluntad por parte de todas las partes.

Así, con repetición incluida


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No tengo ningún don especial.
No pretendo convencerte de nada.
Yo simplemente cuento historias.
Una al día.
(Casi) todos los días.
Si no te ves capaz se soportarlo, deja paso al siguiente; los dos seremos igual de felices.

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