Todo no es lo que aparenta ni aparenta lo que es
Lo que te vengo a contar hoy ocurrió hace un par de años, aún continúa dándome la risa cada vez que lo recuerdo. Al igual que ahora…
Resulta y acontece que hará unos tres años mi propio hermano me dio unas semillas.
No tenía idea de lo que eran y como eran, tan solo me dijo que eran picantes, unos picantes muy potentes.

La siguiente primavera, y como en casa no somos muy amantes del picante, las sembré en una maceta grande. Para saber como eran en realidad, por nada más.
Fueron creciendo las plantas. Y florecieron. Y salieron unos frutos que, por su forma me recuerdan a la flor de la granada, ¿la recuerdas?.
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Fueron pasando los días y dieron mucho muchos frutos. Tantos que no sabía qué hacer con ellos, el picante no es lo mío ya.
Le comenté a mi amiga Eva, mexicana de nacimiento, acerca del tema. Cuando le dije la forma de los pimientos abrió los ojos como platos y exclamó que llevaba tiempo buscándolos y que no sabía donde encontrar.
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Se los di casi todos. Me reservé un puñete para mí. Y otro para mi hermano. Los que probé no me parecieron tan picantes como decían una vez cocinados el mismo día. Si los dejas reposar se vuelven demonios ardientes, eso si te lo digo.
Le pregunté a mi hermano que qué le habían parecido y me comento que -Todo iba bien, hasta que me picó el ojo…
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Hay ocasiones que, la apariencia es que no es para tanto, o viceversa, aunque una vez visto desde dentro encuentras que la apariencia engaña muchas veces.
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A todos nos gusta la lluvia. Desde detrás de un ventanal y debajo de una manta. Lo de la compañía lo dejo a tu imaginación y elección.
A mi me gusta la lluvia. Mojarme con el agua no tanto ya.