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La recuperación le trajo una nueva (y saludable) afición

  • ¿Y cómo puede ser que te haya ocurrido a tí?

Esa fue la pregunta que escuchó en más ocasiones las primeras semanas.

Todo comenzó unos días antes.

En realidad comenzaría semanas, meses antes diría yo aunque nadie (por lo menos él) se percatase.

Iba, parecía que perdiese fuelle cada día que pasaba. Se le hacía cuesta arriba el desplazarse hasta el lugar de trabajo.

No es que tuviese que caminar mucho, todo en el mismo barrio. A lo sumo un cuarto de hora de caminata, y lo mismo a la vuelta.

Cada día tenía un trecho cuesta arriba. Iba a las 7 de la mañana. era verano y la fresca se agradecía en el trabajo, cuando acababa el sol comenzaba a calentar de lo lindo. Rondaban las diez de la mañana cuando volvía para desayunar.

Hubo una mañana que todo le costaba más.

Encerrado en los vestuarios de las piscinas mientras recogía todo, tenía sensación de ahogo y sofoco. Hasta que no puedo más.

Tuvo que recostarse en una de las tumbonas con un fuerte dolor en el pecho. El ahogo continuaba.

Así estuvo un buen rato, eterno según él.

Poco a poco todo volvió a la normalidad. O eso parecía.

Al acabar el turno fue a visitar al médico de cabecera.

Todo eran carreras desde el momento en que comenzaron a visitarlo. Él no acertaba a comprender.

Al rato llega una ambulancia. Se lo llevan al hospital más cercano.

Allí más pruebas. Pasadas más de ocho horas le preguntó a una doctora que és lo que ocurría. Extrañada ella por el desconocimiento demostrado le dijo que parecía, todo indicaba, que había sufrido «unos cuantos infartos» y que parecía que habían sido leves.

13 horas desde que se tuvo que acostar en las tumbonas de la piscina sin saber lo que ocurría.

A los pocos días abandonó ya el hospital y a casa. A descansar. Recomendación, no agotarse y hacer ejercicio.

Decidió caminar por las mañanas y al atardecer. A la fresca. Un par de horas por la mañana, otro par por la tarde. Así semanas enteras. Meses incluso.

Conoció y descubrió rincones que desconocía de su propio barrio. Tomo afición a salir a los descampados y periferias.

Encontró los mejores rincones donde recoger espárragos salvajes.

Así hasta que se recuperó y pudo regresar a sus vestuarios.

Postadata: Parece sencillo, pero todo requiere su paciencia y perseverancia.

Saber encontrar espárragos sin cansarse también

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