Todo elemento que se abandona sobre la capa de la Tierra tiende a contaminar, o así lo entendemos.
Todo residuo, otra palabra que puede entrar en discrepancia, que se deposite sobre cualquier superficie tiende a contaminar ésta.
Este párrafo anterior no está copiado de ninguna parte. Se me ha ocurrido a mí. A mi solito.
Después de años morando en variados lugares de este planeta, no países, lugares. Por lugares me refiero rurales y urbanos.
Tras ese tiempo llego a la conclusión de que no todo lo que no nos gusta es contaminante, o no lo es tanto como lo que si nos gusta.

Nos agrada viajar en coche, avión o barco. Contamina
Nos agrada que nuestra casa esté y huela a limpio. Contamina en su mayor parte.
Queremos que todo lo que adquirimos nos llegue bien empacado ya aséptico. Contamina también.
Lo que no lo hace directamente lo fomenta con los residuos creados para ello.
Te comento esto sabiendo que al igual a ti ni fu ni fa.
Como igual si fu y si fa.
Como puede que ya estuvieses al tanto del detalle. Como que lo desconocieses y ahora cayeses en el percal.
Todo esto viene a colación de una serie que vi hace unos días por televisión.
La serie, si eres de España (o has estado) igual te suena, estoy seguro.
Más aun si ya tienes cierta edad o, en tu casa vive gente mayor.
La serie está protagonizada por Sancho Gracia entre otros.
Gran papelón el de El Algarrobo.
Muy acertado Pepe Sancho y su Estudiante.
Volvamos que me alejo del asunto que quiero contar.
Reparto cartas, pero también veo películas y series
Estaba ensimismado en la trama (se trata siempre de un bandolero que ayuda a los más débiles, preferiblemente damas) cuando caí en la cuenta de los caballos de la época.
Los caballos fueron medio de locomoción y transporte primordiales en su tiempo.
No había trenes, ni coches. Acaso barcos de vapor.
No había. Todavía.
El caso es que pensé como era posible que nadie fuese corriendo detrás de las bestias recogiendo sus heces, sus mierdas.
La mierda de caballo era abono para plantas. Y de los mejores.
Un amigo, Antonio, tuvo un caballo. Recuerdo que debía ponerle algo parecido a un pañal para poder circular por calles y carreteras.
El invento en cuestión se le colgaba de la parte trasera, debajo del culo y cuando el animal defecaba caía directamente dentro del saco.
Todo muy higiénico también.
Todas estás cosas se me aparecen en la mente en los momentos menos pensados, y, creo que no son lo suficientemente malos para compartir.