Aún recuerdo…
Hola, ya entro sin saludar ni nada. vaya ejemplo doy.
Aún recuerdo la primera vez que toqué, bueno, la segunda. La primera fue a finales de los ochenta con un ZX Spectrum que era un teclado que se conectaba al televisor. Todo texto, sin imágenes. Para lograr una función tenías que pulsar hasta 5 teclas a la misma vez. Un odisea.
La segunda fue chunga. Quizá por eso la recuerdo tan bien, sin saber lo que hice.
Fue el aburrimiento y el no pensar los que provocaron el desastre. Ese segundo motivo fue también quien lo reparó. No me preguntes el porqué.

Se me ocurrió «meter mano» a un ordenador de una oficina. Estaba sólo. Era el vigilante. Y me aburría más que un voyeur en pleno invierno en una playa.
De repente, no me preguntes el porqué he dicho, se puso todo en alemán.
TODO.
No solo en el monitor donde estaba, en las veintisiete mesas restantes también ocurría lo mismo.
Que miedo.
Casi toda la anoche trasteando. Cagándola.
Al fin se restauró todo en todos.
Te repito, no me preguntes el porqué.
¡Ni yo sé lo que hice o deshice!
Me dije que nunca más tocaba un ordenador, aunque me fuera la vida en ello.
¡Mentira!
A finales de los noventa volví a incursionar con el ratón. Esta vez fue un poco mejor; tenía a alguien que sabía más que yo al lado. Aun así, si me dejaban sólo un momento se la liaba parda.
Años de esperar minutos enteros para cargar una simple fotografía.
Rogando para que nadie llamase por teléfono; todo llegaba por la misma línea.
Si alguien hacia alguna llamada, o salía la llamada, se cortaba la conexión de datos.
Albores de los chateos en línea. Divino Terra.
Con los años le perdí miedo y gané soltura, más esto que lo otro.
Hasta hoy que manejo varias suites y aplicaciones web, por trabajo, y no me manejo mal con ellas. Dicen.
Ah, con acojonamiento o sin él, la mejor forma de aprender es probando
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