Hola,
Tengo una edad -recuerda que son 58 ya los que me arrastran-
58 vueltas al Sol completas llevo ya. No lo diría nadie, ni siquiera yo.
(bueno, alguno hay que cree que llevo ya cerca de setenta)
Llevo ya más de tres años con mi propio negocio. Mi negocio trata de hacer llegar cartas a destino.
Cualquier destino. Cualquier tamaño.
Si, soy cartero.
Funcionario no, cartero.
Llevo alegrías (pocas) y facturas (muchas).

Me «temen«. Me ven aparecer por el portal y abren los ojos como platos y preguntan con un hilo de voz -«algo para mí«.
Pobres, se acojonan al verme. Mira que les digo que las entrego con mucho cariño. Ni con esas.
De veses es fácil, la puerta de acceso está abierta. No hay nadie, vía libre a los cajetines.
Otras no es tan sencillo. Hay que pedir permiso -ni que fuera a robar, chico- para llegar al descansillo.
Tengo un reporte donde se han compilado la mayoría de trabas que nos encontramos los carteros a la hora de hacer entrega de cartas y mensajes.
La mayoría de trabas y una ristra de soluciones que podrías aplicar para aliviar, solventar, o como quieras llamarle al no tener que estar largos y largos minutos en los portales a que nos permitais la entrada a dejaros vuestras cartas en vuestros buzones. Puedes verlo aquí.
Ah, por fortuna, la mayoría de la gente se lo toma bien y sé que lo dice medio en coña (o no) lo de que les caigo mal por llevarles facturillas.
Para suscribirte y recibir correos como éste (y mejores), abajo, en el formulario